República Dominicana, un paraíso salpicado por la corrupción y el narcotráfico
Por Laureano Pérez Izquierdo
Cuando el 15 de mayo de este año, distendido en su sede de campaña de Santo Domingo, Danilo Medina Sánchez conoció las cifras con que fue reelegido, sus pulmones se inflaron. El número alcanzaba un histórico 61 por ciento. Una sensación de satisfacción recorrió el interior de su cuerpo. Lo que experimentó el todopoderoso mandatario sólo puede compararse con lo que, 92 años atrás, habrá sentido Felipe Horacio Vásquez Lajara, el presidente de República Dominicana que consiguió el mayor apoyo popular de la historia de la isla: 69,9 por ciento.
A su segunda fiesta de asunción el pasado 16 de agosto, quiso invitar a todos y ninguno le falló. Asistieron y se sentaron en primera fila: Nicolás Maduro, Evo Morales, Juan Carlos Varela, Rafael Correa, Jimmy Morales, Juan Orlando Hernández y Jocelerme Privert. Estaba pleno. Radiante. Sin embargo, y pese a los números populares que lo respaldaron, la realidad del país se presenta muy alejada de la celebración que preparó para sí en el Congreso de la República Dominicana, en Santo Domingo. En los últimos días, organizaciones y consultoras globales le dieron un golpe a la imagen nacional que Medina vende por el mundo.
Uno de ellos fue el Informe Anual de Amnistía Internacional, que además de cuestionar la maniobra del Poder Ejecutivo para perpetuarse en el gobierno, hizo referencia a los casos de impunidad policial, los asesinatos selectivos de esta fuerza, las desapariciones forzadas y los crímenes de odio contra las comunidades LGBT.