
Charytín Goyco es pura dinamita. Su energía, elegancia y humor llenan cualquier espacio donde se encuentre.
Sus cabellos rubios, siempre impecables, y los labios pintados de rojo, como los ha lucido desde jovencita. “Es que si me ves con un pintalabios clarito, me dices, ‘¿te pasa algo, te sientes bien?’, porque cambia todo”.
La madre de Shalim y de los mellizos Sharina y Alexander es una mujer chispeante, o al menos así se le ve públicamente, que es gran parte de su tiempo, porque esta dominicana de corazón puertorriqueño no sabe lo que es parar.
La única vez que se planteó la posibilidad de un “hasta aquí” fue en el 2016, cuando se despidió del hombre que complementó su vida de múltiples maneras, el productor Elín Ortiz. “Es la única vez en la vida que pensé que no podía seguir, y fíjate que él tenía mucho tiempo enfermo, que yo hacía muchas cosas sin él. Escándalo TV y muchas de las cosas que hice, él no estaba presente como siempre, y yo seguía, porque él estaba ahí. El miedo mío era cuando Elín se fuera, cómo iba a quedar para mí el alma, que quedó muy mal, pero tantas cosas que surgieron, que Dios me envió, y dije, ‘no, no voy a poder’, y fui haciendo todo, poco a poco”.
