LOS TRUCOS: La “droga milagro” que usan los maduros de Hollywood

Es un secreto en Hollywood (especialmente entre celebrities y gente adinerada). Pero no de los mejor guardados. La hormona de crecimiento (HGH, por sus siglas en inglés, Human Growth Hormone) rejuvenece: aumenta la masa muscular, mejora la densidad ósea, anima, engrosa la dermis y sube la libido. En definitiva, es un filón para las consultas antiedad. «Aunque nosotros la damos desde hace décadas, su consumo se ha disparado en los últimos diez años», corrobora Uzzi Reiss, un médico israelí especializado en ginecología y antiaging, director del centro Men and Women & Advanced Nutrition and hormone-based gynecology, en Beverly Hills. droga milagrosaTambién lo es para sus fabricantes: la venta de esta proteína sintetizada genera unos 2.000 millones de dólares (1.800 millones de euros) anuales. Nada mal para una sustancia supuestamente reservada a pacientes que no la producen en cantidades suficientes.

Esta proteína, fabricada por la glándula pituitaria, estimula el crecimiento de buena parte del organismo: células, huesos, músculos… Su carencia, en edades tempranas,encoje: no permite alcanzar la talla diana (o altura probable según la herencia genética) y puede llegar a traducirse en enanismo. Con la edad, el organismo aminora su producción. El freno se produce a los 20 años, al desencadenarse una caída del 4% anual. «Luego lo hace a un ritmo de un 2%. Resultado: entre los 30 y 50 años, puede haberse reducido en un 40%», aclara Ángel Durántez, director médico de la clínica Neolife.
droga milagrosa 1La Food and Drug Administration (FDA), el órgano que regula la alimentación y los fármacos en Estados Unidos, es mucho más laxa. Si un adulto muestra signos de fatiga, debilidad y una libido baja, entre otros síntomas, los médicos la recetan tras un test de orina. «¿Por qué no íbamos a hacerlo? Es el tratamiento hormonal más seguro que existe. El problema es que su empleo está demonizado; tiene muy mala prensa», lamenta Reiss.

La tiene por varias razones: «Los medios han frivolizado sobre el tema; han centrado su consumo solo entre actores o cantantes famosos y le han dado una connotación exclusiva relacionada con lo prohibido. No cuestiono que uno pueda sentirse más carismático o energético inyectándosela, pero de ahí a sentirse diez años más joven o a dejar de tener canas… Es mejor centrarse en la literatura científica, que sí que ha demostrado sus beneficios en adultos», plantea Durántez.

La HGH tiene detractores y defensores, principalmente, porque no todos los estudios han cosechado resultados positivos. «Un metaanálisis de varias investigaciones publicado en 2007 confirmó ventajas como la reducción de grasa y el aumento de la masa muscular, pero también una mayor predisposición para el desarrollo de diabetes y del cáncer» alerta Álvarez.
Su uso se remonta a finales de los años cincuenta. Entonces era limitado y se reservaba a los casos más extremos en niños. Era difícil de conseguir: se extraía de cadáveres. La FDA escribió un nuevo capítulo en 1985 al aprobar una versión biosintética elaborada por Genentech, una empresa de San Francisco. Sus resultados eran esperanzadores: un paciente de menos de 13 años crecía unos cinco centímetros de media. ¿La panacea? A primera vista, sí. Los efectos secundarios se limitaban a molestias en articulaciones e hinchazón. Pero a largo plazo, la historia se complica: algunos investigadores han demostrado que existe mayor riesgo de falla cardiaca y otras enfermedades. «Las paredes del corazón engordan, lo que puede causar cardiopatía hipertrófica. La HGH tiene tendencia a aumentar la intolerancia de la glucosa, de ahí la diabetes», confirma Purina Espallargas, médico estético y especialista en ginecología.

El debate sigue abierto. «Si el reemplazo se supervisa y no supera los 0,6 mg diarios, se evitan posibles consecuencias como el edema, las artralgias, las mialgias o el hiperinsulinismo. En cuanto al cáncer, la hormona de crecimiento no es carcinogénica. El artículo de Vence publicado en The New England Journal of Medicine en 1999 sobre su uso en niños y adultos demostró que su incidencia era inferior en quienes la consumían», argumenta Ángel Durántez.

(Fuente:El País)

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