
Santo Domingo, RD
La primera semana en cuarentena, Rodolfo la pasó de “chulería”. Esa palabra la usa él. Pero conforme corrían los días su cuerpo se negaba a un encierro que echaba por la borda el trabajo ganado. Este joven de 28 años se estaba rehabilitando para salir airoso del fondo que había tocado por culpa de las drogas.
“La segunda semana comencé a desesperarme. Sudaba, me daba frío, y se lo comenté a mi pareja, que es con quien vivo. Se lo atribuí a la ansiedad de estar trancado en contra de mi voluntad”. Es fuerte y jocoso, pero al parecer esta experiencia lo ha puesto sensible. “Yo le prometí a mi abuela que dejaría eso y lo hice, pero el Covid-19 me traicionó. Volví para atrás”. Hace silencio del otro lado del teléfono.
Vuelve a hablar. Esta vez por su propia cuenta. “Mira, para que tengas una idea, esta situación me ha empujado de nuevo al vicio, y no solo a mí, sino a mucha gente que depende de algún tipo de adicción. Nos ha puesto entre la espada y la pared: satisfago mi necesidad o salgo a ponerme en peligro de contagiarme del coronavirus”.
