
Por Pedro Dominguez
Trato de nunca apuntar a nadie con mi dedo índice, aunque yo entienda, errado o no, que lo merezca. Cada vez que observo alguna conducta que considero inadecuada, trato de colocarme en el lugar de esa persona y confieso que muchas de las actuaciones que en principio condenaba, llega un momento en que las entiendo e incluso justifico.
Naturalmente, no me refiero a hechos claros y premeditados de maldad y de odio, al igual que de violaciones conscientes de la ley, que en esas circunstancias no hay excusas posibles. Existe una base moral que nos permite diferenciar el bien del mal.
Y una de las lecciones que he aprendido para ser mejor persona y más útil al prójimo y a la sociedad, es tratar de no juzgar la conducta humana, salvo que sea para algo agradable que promueva lo bueno y el desarrollo del receptor.
