
Un sapo y una jirafa de peluche. Al lado de la abuela y de una trabajadora social, esos fueron los acompañantes de una niña brasileña de 10 años hacia el hospital donde, finalmente, logró abortar.
La pequeña fue víctima de los abusos de su tío, desde sus 6 años, y accedió al aborto ya que para casos como el de ella, la intervención está prevista por la ley, más allá de el acoso y las presiones sufridas por activistas y médicos ultraconservadores de la corriente «pro-vida».
