LOS CUENTOS DE PRINCESAS NO EXISTEN

alberto monacoEl problema de Alberto de Mónaco ahora es la solución a la que recurrió para tratar de lavar su imagen y darse un barniz de madurez y respetabilidad tradicional: Charlene Wittstock. Su matrimonio con la nadadora, 20 años más joven que él, ha estado rodeado desde el primer momento de escándalos y controversias. Como cuando la prensa francesa publicó que la pareja, antes de pasar por el altar, había firmado un contrato prematrimonial que obligaba a la esposa a traer al mundo descendencia real en un plazo máximo de tres años. Por no hablar, claro está, de que el matrimonio pasó la luna de miel en hoteles separados. Según Alberto, porque era “más conveniente”.

Desde entonces, la relación de los soberanos de Mónaco ha estado siempre en el ojo del huracán. El apogeo de ese matrimonio siempre cuestionado se producía el sábado pasado, cuando Mónaco celebraba su evento más importante del año: el Baile de la Rosa, una vidriera para seguir vendiendo glamour que consiste en una cena de gala con la familia Grimaldi como anfitriona y un puñado de selectos invitados. Pues bien: la esposa de Alberto de Mónaco no se presentó a la cita.

Esta enésima ausencia de Charlene ha vuelto a desatar las especulaciones sobre el matrimonio de fachada que uniría a los príncipes de Mónaco y las crisis recurrentes que sacuden a la pareja. Aunque el principado no ha ofrecido explicaciones oficiales para justificar la ausencia de Charlene, algunos medios aseguran que, si faltó al gran acontecimiento social de Mónaco, fue porque tenía a la nena enferma.

La última vez que se vio a Charlene en público fue a principios de enero, en la fiesta organizada en honor del nacimiento de sus mellizos. Se daba por sentada su asistencia al Baile de la Rosa, pero de nuevo la princesa les dio a todos una mala sorpresa. Y no sólo eso: resulta que además ha hecho las valijas y se fue del palacio llevándose con ella a sus dos hijos.

La princesa se ha instalado con los pequeños (y sus niñeras) en una casa de campo en Saint-Jean-Cap-Ferrat. De nuevo, los niños son la coartada: que si en el Palacio están de obras, que si los trabajos de rehabilitación impiden a Jaime y a Gabriela dormir tranquilos…

“Queríamos desde hace tiempo renovar y redecorar el palacio, pero el ambiente que hay allí ahora no es muy tranquilo para unos bebés. Hay un montón de trabajo, de ruido y de gente corriendo de aquí para allá, así que pensamos que no era el lugar ideal para los niños”, revelaba Alberto recientemente en una entrevista a la revista ‘People’, en la que negaba con insistencia que su matrimonio esté en crisis: “Es totalmente increíble que tengamos que justificarnos. Es absurdo. Es simplemente imposible creer que estas historias han resurgido de nuevo. Es surrealista”, sentenciaba.

Está previsto que los mellizos que han traído al mundo Alberto y Charlene sean bautizados en Montecarlo el próximo día 10 de mayo. Ahí, sí o sí, la princesa tendrá que dar la cara. Y tampoco puede faltar a los fastos (en forma de concierto de Robbie Williams) para todos los residentes en Mónaco con que el principado celebrará en julio los diez años de reinado de Alberto. Se verá con qué cara luce.

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