
El genocidio de haitianos perpetrado por orden del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en 1937 se recuerda popularmente como «la masacre del perejil», hecho que supuso el exterminio de miles de persona a lo largo de varias semanas y del que ahora se cumplen 85 años.
Una mala dicción de la palabra perejil era una condena a muerte automática. Dada la dificultad de pronunciación que supone para los haitianos, el vocablo se usaba para identificarlos y distinguirlos de los dominicanos de piel más oscura.
