La carta-desahogo de monseñor Francisco Ozoria destapó una especie de guerra fría existente a lo interno del clero diocesano de la iglesia dominicana. (Fuente externa)
Por Mons Ramón Alfredo de la Cruz Baldera
La historia reciente de la Iglesia en la República Dominicana exige una lectura atenta, crítica y equilibrada, capaz de reconocer que cada época reclama un estilo pastoral propio, con acentos y prioridades particulares. En esta perspectiva histórico-eclesial, las figuras del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez y de monseñor Agripino Núñez Collado emergen como referentes significativos, en cuanto pastores que supieron responder con aplomo, firmeza y claridad a los desafíos concretos del tiempo que les correspondió vivir y servir.
Una época distinta, un estilo particular
Tanto el cardenal López Rodríguez como Agripino Núñez Collado ejercieron su ministerio en una etapa nacional marcada por tensiones políticas, fragilidad institucional y una democracia aún en proceso de maduración. Los líderes políticos, con frecuencia divididos, requerían una voz externa que les ayudara a acercar posiciones y preservar la estabilidad del país. En ese contexto, la Iglesia se convertía en un referente natural para la mediación, el arbitraje y el diálogo.