Asaltos a Kenny Grullón y Julián Oro Duro alimentan percepción de inseguridad pese a los datos oficiales

Luis Abinader ha insistido precisamente en la capacidad del Estado para identificar y capturar a quienes cometen delitos. (IMAGEN DIFUNDIDA POR LA PRESIDENCIA.)

En menos de un mes, tres violentos episodios ocurridos en viviendas o en sus inmediaciones han colocado nuevamente la inseguridad en la conversación pública: un joven perseguido y apuñalado hasta el interior de su edificio en Serrallés, el asalto en la residencia del merenguero Julián Oro Duro en el que fue asesinada su esposa y, más recientemente, la entrada de un hombre a la casa del actor Kenny Grullón.

Los tres casos tienen una característica que amplifica su impacto más allá de las estadísticas: ocurrieron en espacios que las víctimas podían considerar protegidos —sus viviendas o edificios residenciales— y alcanzaron una amplia difusión pública por la notoriedad de los afectados, la violencia empleada y, en algunos casos, las imágenes captadas por cámaras de seguridad.

Esa sucesión de hechos alimenta una percepción de inseguridad que el propio Gobierno reconoce que todavía persiste, aunque los números oficiales presentan una realidad diferente: menos homicidios y una reducción considerable de los robos reportados.

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