De los Super Bloques de Caracas a la Nueva Barquita y Ciudad Juan Bosch de Santo Domingo
Por Cholo Brenes
A raíz del enorme déficit habitacional de la post-guerra y el creciente desplazamiento masivo de la población de las zonas rurales a las grandes ciudades durante los años 50 surgen en diversas partes del mundo gigantescos proyectos urbanísticos que buscaban solventar la falta de viviendas. En América Latina, principalmente en Venezuela es donde se marca el paso con sus emblemáticos «Super Bloques»: Grandes edificios de apartamentos para las clases media y obrera, de cientos de unidades cada uno. Marcos Pérez Jiménez a la presidencia de la República de 1952 construyo 9.176 apartamentos en un total de 38 súperbloques de 15 pisos y 42 bloques pequeños.
A estos Super Bloques, que eran verdaderas ciudades en miniatura con estacionamientos, escuelas, kínder, guarderías, comercios, centro de salud, centros comunitarios, teatros, mercados e iglesias, fueron mudadas miles de familias que vivían hacinadas en condiciones de total insalubridad en ranchos construidos sin ton ni son, en los Cerros de Caracas. Exactamente como ocurría en nuestra vieja Barquita hasta hace poco, y como sigue ocurriendo en otros barrios marginados de nuestro país.
Los Super Bloques de Caracas se volvieron una maravilla objeto de admiración y estudio de parte de organizaciones y medios de comunicación de todo el mundo. Un modelo a seguir para solucionar un mal común a todos nuestros países: los cordones de miseria habitados por los desheredados de la fortuna, llamados: “Casitas de Cartón” en Venezuela; “Favelas” en Brasil; “Barrios Marginados” en Dominicana; “Arrabales” en otros países del área.
Esta solución habría sido perfecta de no ser porque los pobres y su pobreza, crecen a mucho mayor velocidad que las soluciones. Aquellos gigantes con áreas verdes e infraestructura de expansión no fueron suficientes para albergar a toda la población de bajos recursos. A pocos años de inaugurada la obra llovieron las invasiones a los jardines y áreas verdes. La gente empezó a levantar nuevos ranchos, sin contar que los pobres mudados a la nuevas viviendas seguían siendo pobres. La pobreza sólo se mudó de casa.
Las condiciones de pobreza siguieron multiplicándose y con ellas, la delincuencia y las protestas sociales. Lo que intentó ser una gran solución, resultó en un mal mayúsculo. Allí germinó todo tipo de lacras hasta el punto que el Estado perdió literalmente el control de esas áreas. Si la policía u otras autoridades intentaban imponer el orden o impartir justicia, eran recibidos por escuadrones armados. Las bandas impusieron su ley en una especie de “tierra de nadie”, mientras los servicios se deterioraban a gran velocidad incrementando el círculo de pobreza.
Salvado distancias; de tiempo, realidades y circunstancias, uno apuesta a que los gobernantes de nuestro país hayan aprendido esta lección. Una lección no tan ajena a nuestra realidad, pues si bien en menor escala, tenemos nuestros propios ejemplos. Muchos de los barrios construidos por anteriores gobiernos -Como las Caobas, todos los denonimados INVI, los ríos y los jardines en el Distrito Nacional- hoy lucen arruinados, por una pobreza que no se puede esconder tras cuatro paredes. Muchos beneficiarios acabaron por vender para regresar a los lugares de donde fueron rescatados.
Apostamos porque un proyecto hermoso y encomiable como la Nueva Barquita y Ciudad Juan Bosch esté vacunado contra este peligro. Sabemos que se han tomado previsiones para el acompañamiento a sus habitantes, incluidos profesionales en el área de la conducta social para ayudarles a similar y asumir su nuevo hábitat, valorarlo, cuidarlo y defenderlo. Pero esto sólo será posible, si los sujetos de este cambio sustancial, disfrutan de acceso seguro al mercado laboral o de inserción exitosa en la economía formal mediante oportunidades para el emprendimiento individual y colectivo.
Sería una gran pena que, tan hermosa como hoy se ve, a la distancia de los años la Nueva Barquita Ciudad Juan Bosch, acaben hundida por el retorno del hacinamiento y el abandono. Por el contrario, soñamos que esta bella solución social navegue siempre segura hacia buen puerto.