El sueño de Cruz Jiminián: un hospital para que los pobres mueran dignamente

El doctor Félix Antonio Cruz Jiminián llega a la entrevista con un cabestrillo en el brazo derecho y en la otra mano un pequeño bulto de médico, de esos demasiado cliché para parecer ciertos. «Siempre ando con él», advierte.

Dentro lleva un estetoscopio y medicamentos, pero también herramientas. Es la continuación de una manera de trabajar que no distingue demasiado entre la medicina y cualquier problema que pueda resolver con las manos. Durante su vida ha hecho de albañil, constructor, carpintero y jardinero de sus propios proyectos.

El hombro lesionado tampoco parece reducir demasiado su ritmo.
Se mueve con agilidad por las áreas de su centro médico en Cristo Rey. Entra en departamentos, llama empleados, se detiene frente a pacientes y explica cómo funciona cada servicio. Su presencia cambia por momentos el ambiente de los pasillos. Algunos pacientes sonríen cuando lo ven. Otros lo aplauden.

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