
Después de que se visita más de una vez, en un corto intervalo de tiempo, el paso de la frontera de República Dominicana con Haití entre las ciudades de Dajabón y Juana Méndez (en francés Ouanaminthe y en criollo haitiano Wanament), se tiene una extraña sensación de déjà vu, donde las situaciones diarias se repiten una y otra vez de forma interminable.
Sin importar si hay mercado o no, pero muy especial cuando lo hay, los días para los militares y miembros de los organismos de seguridad del Estado que “vigilan” en esta zona, y para los dominicanos y haitianos que acuden a este punto, unos para hacer negocios y otros para pasar de un lado a otro por múltiples motivos, parecen iguales.
