Limosnera de El Conde: “Nadie sabe el martirio con el que vivo”
Santo Domingo, RD
Al caminar por la calle El Conde, de la Ciudad Colonial, no es extraño escuchar los lamentos y súplicas de algún envejeciente, extendiendo su mano para pedir algo de dinero y conseguir de comer. Esta es la realidad que vive una pobre señora, de ojos claros, que ha convertido la esquina de un edificio localizado frente de la Catedral Primada de América, en su “casa”. Allí se sienta con una latita a esperar la limosna de los peatones .
Doña Esperanza no recuerda bien cuál es su edad exacta, pero lo que sí tiene claro es el tiempo que lleva en las calles vagando. Desde hace veinte años pide para sobrevivir. Llego aquí desde San Cristóbal. En su juventud se “juntó” con un hombre y procreo un hijo, que luego la dejó a su suerte, abandonada.
Esta señora es caso de todos conocida. Con calma y amabilidad, cuenta los martirios de su vida a todo el que tenga tiempo de escuchar. Mucha gente la saluda y le lleva comida, pero hay otros que la tildan de loca y la provocan para que se altere. Por estas cosas, personal del Cuerpo Especializado de Seguridad Turística se ven en la obligación de retirarla del lugar.