En las conversaciones entre amigas, a veces se confiesan cosas que no se dicen en voz alta.
“No sé qué me pasa… antes me encantaba estar con él, ahora no tengo ganas de nada”, son solo algunas de las confesiones que surgen cuando una mujer se encuentra con su grupo de confianza, en un espacio seguro. La mayoría de las veces lo dicen bajito, con culpa, con miedo o vergüenza. Como si algo en ellas estuviera roto. Como si el deseo fuera una obligación que hay que cumplir y no una experiencia que también se nutre, se cuida y se redescubre.
Esta escena se repite más de lo que imaginamos.

