El sistema educativo, la comunidad y el propio hogar vulneran la inserción de los niños y adolescentes con afecciones mentales, que no requieren aulas “especiales” y de forma paradójica suelen convertirse en espacios inseguros de vejaciones y relaciones dolorosas que fomentan el desequilibrio.
La depresión, la bipolaridad, la ansiedad, y el Trastorno Límite de Personsalidad (TLP) son las patologías más comunes entre estudiantes que asisten a salones “tradicionales” y aunque el último es diagnosticado a partir de los 18 años, desde temprano puede haber síntomas que llevan a sospechar y a excluir.
La neurosicóloga Sulamita Portalatín alerta que en ocasiones el desequilibrio es provocado por el trato recibido en los planteles, la casa y el barrio.

