El temor reina tanto en dominicanos como en haitianos en las calles del llamado “Pequeño Haití”, en el barrio capitalino San Carlos, el cual, en medio de las redadas migratorias y la creciente tensión social, es ahora un territorio de silencios incómodos y miradas angustiadas.
Los dominicanos que hacen vida allí evitan hablar. Temen represalias, miradas de alertas y hasta agresiones por parte de los haitianos, si se atreven a narrar todo lo que dentro de sus calles ocurre.
En la otra cara de la moneda, los haitianos también callan, aunque por razones distintas: el estatus migratorio irregular los convierte en un blanco fácil para los agentes de la Dirección General de Migración.
Junto con el temor y la tensión que expande día a día por las calles del Pequeño Haití, la presencia de haitianos es cada vez menor.

