
Por Johnny Arrendel
Mucha gente que ha hecho tratos de negocios o vida politica y social con Manuel Rivas, el apresado y destituido director de la Oficna Metropolitana de Servicios de Autobuses, le da el beneficio de la duda y no le cree capaz de las acciones en que se le involucra.
Es una percepción, y quienes la sienten tienen derecho a expresarla, pero lo mejor es que la investigación se desarrolle con precisión y libremente y se llegue al fondo de los hechos.
Ciertamente, Rivas tiene carácter bonachón y no parece capaz de matar una mosca.
Pero no es válido llevarse solo de esa premisa, muchas personas que incurren en delito no presentan un fenotipo que les acerque al perfil del delincuente.
De entrada, además del peso de las evidencias sobre pagos de sobornos para acallar la denuncia y la querella potencial del abogado Yuniol Ramírez, luego asesinado, están otros detalles.
Por ejemplo, el que la OMSA tuviese entre su personal, y que directamente estaban al servicio del director Rivas, personas con amplio historial delictivo, incluso condenados por homicidio.